
Antes de iniciar un proyecto RFID, una de las preguntas más habituales —y también más delicadas— es qué tipo de tecnología utilizar. RFID no es una solución única y cerrada, sino un conjunto de tecnologías con comportamientos, costes y alcances muy diferentes. Elegir entre RFID pasivo, activo o semipasivo puede marcar la diferencia entre un sistema que encaja perfectamente en la operación y otro que se queda corto… o sobredimensionado (y el presupuesto no suele perdonar eso).
En términos sencillos, cada tipo de RFID responde a una necesidad distinta. Algunos proyectos buscan identificar miles de productos de forma rápida y económica; otros necesitan saber dónde está un activo en todo momento, incluso en áreas muy extensas. Y entre ambos extremos aparecen escenarios intermedios donde, además de identificar, es necesario registrar variables como temperatura o humedad. No todo es “leer etiquetas”, aunque a veces lo parezca desde fuera.
En este artículo analizamos de forma clara y práctica los tipos de RFID pasivo, activo y semipasivo, explicando cómo funcionan, en qué se diferencian y cuándo tiene sentido usar cada uno. Con ejemplos reales y comparaciones directas, el objetivo es ayudarte a entender qué tecnología encaja mejor con tu proyecto… sin necesidad de convertirte en ingeniero de radiofrecuencia por el camino.

1. RFID Pasivo: el más común y económico
Cuando alguien habla de RFID por primera vez, casi siempre se está refiriendo al RFID pasivo, aunque no lo diga explícitamente. Es el más extendido, el más económico y el que probablemente ya uses sin darte cuenta, por ejemplo, en controles de acceso o etiquetas logísticas.
¿Cómo funciona? Se activa con la energía de la onda del lector
Las etiquetas RFID pasivas no tienen batería. Permanecen “dormidas” hasta que un lector RFID emite una señal de radiofrecuencia. Esa energía es suficiente para activar el chip, que responde enviando su identificador. Es un funcionamiento sencillo y fiable, casi como si el lector “despertara” a la etiqueta cuando pasa cerca.
Ventaja principal: bajo coste, tamaño mini y vida útil ilimitada
Al no llevar batería, el coste de las etiquetas RFID pasivas es muy bajo en comparación con otros tipos. Además, su tamaño puede ser extremadamente reducido y su vida útil es prácticamente ilimitada. No hay mantenimiento ni reemplazos periódicos, algo que en proyectos con miles o millones de unidades marca una diferencia clara en el presupuesto.
Usos típicos: control de inventario, etiquetado de productos, control de acceso y logística
Este tipo de RFID es ideal cuando necesitas identificar objetos a corta o media distancia. Se utiliza de forma habitual en lectores RFID para almacén, sistemas de control de acceso, retail, trazabilidad logística o gestión de activos básicos. Si el objetivo es saber “qué es” un objeto y no “dónde está en todo momento”, el RFID pasivo suele ser suficiente.
2. RFID Activo: para seguimiento en tiempo real
El RFID activo juega en otra liga. Aquí ya no hablamos solo de identificación, sino de seguimiento continuo de activos, incluso en espacios muy amplios.
¿Cómo funciona? Lleva su propia batería para emitir señal
Las etiquetas RFID activas incorporan una batería que les permite emitir señal de forma periódica sin depender del lector. Esto cambia por completo el enfoque del sistema: el tag “habla” constantemente y los lectores escuchan. Es una diferencia importante frente al RFID pasivo, donde siempre manda el lector.
Ventaja principal: largo alcance y mayor capacidad de datos
El alcance RFID activo vs pasivo es una de las diferencias más claras. Mientras el pasivo suele moverse en metros, el RFID activo puede alcanzar decenas o incluso más de 100 metros en entornos controlados. Además, permite almacenar y transmitir más información, lo que resulta útil en sistemas de seguimiento complejos.
Usos típicos: localización de equipos en hospitales, seguimiento de contenedores y gestión de flotas
Este tipo de tecnología se utiliza en proyectos donde saber la ubicación en tiempo casi real es clave. Hospitales que necesitan localizar equipamiento crítico, puertos que controlan contenedores o empresas que gestionan flotas de alto valor suelen apostar por seguimiento de activos RFID activo, asumiendo un mayor coste a cambio de visibilidad constante.

3. RFID Semipasivo (o BAP – Battery Assisted Passive): lo mejor de ambos
El RFID semipasivo, también conocido como RFID BAP (Battery Assisted Passive), suele generar dudas, pero es una solución muy interesante cuando el proyecto necesita algo más que identificación básica.
¿Cómo funciona? Tiene batería para el chip, pero no para emitir señal
A diferencia del RFID activo, el semipasivo no emite señal por sí mismo. La batería alimenta el chip y los sensores, pero la comunicación sigue activándose mediante el lector. Esto mejora la estabilidad de lectura sin disparar el consumo energético.
Ventaja principal: mayor fiabilidad y alcance que el pasivo, con sensores integrados
Una de las grandes ventajas de los sensores RFID semipasivo es la posibilidad de integrar mediciones como temperatura, humedad o impactos. Esto lo convierte en una opción muy valiosa para sectores donde las condiciones ambientales importan tanto como la identificación.
Usos típicos: cadena de frío farmacéutica y monitorización de mercancías sensibles
En proyectos de RFID cadena suministro relacionados con medicamentos, alimentos o productos químicos, este tipo de etiqueta permite responder preguntas clave como: “¿se rompió la cadena de frío?” o “¿en qué condiciones viajó este producto?”. No es magia, es tecnología bien aplicada.
4. Guía rápida: ¿cuál elegir?
Elegir el tipo de RFID adecuado no va de modas ni de “el más avanzado”, sino de encajar tecnología y necesidad real.
| Característica | RFID Pasivo | RFID Semipasivo (BAP) | RFID Activo |
|---|---|---|---|
| Fuente de energía | Energía del lector | Batería para el chip | Batería propia |
| Alcance típico | Corto (cm–metros) | Medio | Largo (decenas de metros) |
| Sensores integrados | No | Sí (temp., humedad) | Opcional |
| Coste de etiqueta | Bajo | Medio | Alto |
| Mantenimiento | Ninguno | Cambio de batería | Cambio de batería |
| Casos de uso | Inventario, retail | Cadena de frío | Seguimiento de activos |
Elige PASIVO si
Tu prioridad es el coste, necesitas identificar objetos a distancias cortas o medias y no requieres sensores. Es ideal para inventarios, control de acceso y proyectos con gran volumen de etiquetas RFID pasivas.
Elige ACTIVO si
Necesitas localización en tiempo real, en áreas amplias, y trabajas con activos de alto valor. Aquí el mayor coste de etiquetas RFID se justifica por la visibilidad constante y la mejora operativa.
Elige SEMIPASIVO si
Tu proyecto requiere registrar condiciones ambientales y mejorar la fiabilidad de lectura sin llegar al coste del RFID activo. Es una opción equilibrada para proyectos sensibles donde los datos importan tanto como la identificación.

No existe un único tipo de RFID válido para todos los proyectos. Entender las diferencias entre RFID activo y pasivo, así como el papel intermedio del semipasivo, es el primer paso para diseñar una solución eficiente y sostenible en el tiempo. Cada tecnología responde a necesidades concretas de alcance, coste, mantenimiento y funcionalidad.
Antes de decidir qué proyecto RFID qué tipo elegir, conviene analizar el entorno, los procesos y los objetivos reales. A veces, la solución más sencilla es la más adecuada; otras, invertir un poco más permite ganar control, trazabilidad y datos valiosos para la operación diaria.
Visita nuestro sitio web: https://serdoc.es/
Envíanos un correo electrónico: [email protected]
Llámanos: 615 26 69 79 · 91 689 65 73 (Serdoc)